Un tal Eduardo
Ugarte, el intelectual en la sombra
Articulo recogido del Diario Vasco Donostia
.Felix Maraña
La hermana de Lorca vindica la memoria y actuación
del escritor, actor y cineasta vasco, uno de los grandes
intelectuales del exilio cultural republicano . Fué Guionista
con Buñuel y director
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El escritor, cineasta y
actor vasco Eduardo Ugarte (1906-1955), codirector
del grupo La Barraca, con Federico García
Lorca, es una de las personalidades más complejas
e ilustres del exilio cultural republicano. No tuvo
en cambio, como León Felipe, José Bergamín
-cuñado de Ugarte-, Juan Larrea, Max Aub y
otros exiliados en México, el beneficio del
reconocimiento de la historia cultural, a lo que
contribuyó sin duda su pronta muerte. La publicación
de las memorias de Isabel García Lorca (Recuerdos
míos), y el testimonio de ésta sobre
el valor y actuación de Ugarte, vuelven sobre
la memoria del intelectual vasco, en un momento en
que se vindica con especial dedicación toda
la cultura del exilio republicano.
Para la hermana de Lorca, «La
Barraca fueron dos: Federico y Ugarte, que fue el único
de aquel numeroso grupo que supo entender y calibrar
de verdad todo lo que había de capacidad creadora
en Federico». Quien fuera el principal colaborador
de Lorca en el teatro, guionista para Buñuel,
con quien le unió gran amistad, y hombre de
gran cultura, su discreción y timidez le han
procurado apenas unas líneas en la historia
cultural, cuando su papel es protagonista.
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Lorca,
al fondo, toma por el hombro a su amigo Eduardo Ugarte
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Aunque se han hecho diversos
libros en el tiempo sobre el exilio cultural republicano,
la figura de Eduardo Ugarte ha aparecido siempre como secundaria,
y asociada en todo caso al hecho de haber sido codirector,
junto con Lorca, del grupo teatral La Barraca. Quien se ha
adentrado un poco más en el estudio de los intelectuales
del exilio, ha hallado en cambio en Ugarte una personalidad
más compleja, que dedicó su vida a la cultura,
actuó como actor en alguna película, y firmó guiones
con Luis Buñuel, así como realizó adaptaciones
para el teatro y el cine en Hollywood. Un estudio de Ríos
Carratalá y algunas gestiones del profesor de la Universidad
de Deusto José Ángel Ascunce, conforman algunas
de las referencias que sobre dicha personalidad se han hecho
en el tiempo. Cuando en 1977 vino Juan Larrea al País
Vasco pidió que fueran rehabilitadas para la memoria
común las personalidad de dos guipuzcoanos: Eduardo
Ugarte y el filósofo Eugenio Ímaz. Por su parte,
el poeta Francisco Giner de los Ríos, que también
vivió el exilio mexicano, proclamaba desde su retiro
en Nerja, en 1990, la necesidad de restaurar la memoria de
Ugarte. Giner de los Ríos aseguraba que los más
respetados intelectuales republicanos emigrados a México
solicitaron reiteradamente a Ugarte, que tratara de rehabilitar
La Barraca en el exilio. Ugarte, que agradeció tal
honor, declaró no sentirse capaz de recuperar el espíritu
de lo que había sido el grupo.
A pesar de su temprana muerte,
la figura de Eduardo Ugarte Pagés tuvo un protagonismo
de primer orden, no sólo en la cultura española
de su tiempo, sino en la cultura cinematográfica
de la Meca del cine americano. Ugarte, natural de Hondarribia,
donde conoció a su esposa, hija del autor teatral
Carlos Arniches, que allí veraneaba, fue uno de
los mejores argumentistas del cine en su tiempo, y fue
requerido por la Metro Goldwyn Mayer, en cuya multinacional
trabajó como director de diálogos. Fue Edgard
Neville quien le reclama, y así habrán de
ir a Hollywood otros guionistas españoles, como
José López Rubio -con quien Ugarte escribió varias
obras teatrales-, Ugarte, Tono, Luis Buñuel o Jardiel
Poncela.
Pero su carácter intelectual
e inclinación por la literatura teatral le llegó bien
pronto. Tras estudiar Derecho en la Universidad Central
de Madrid, hizo la carrera de Filosofía y Letras
en Salamanca, y con apenas veintidós años
(1928) so obra teatral De la noche a la mañana,
escrita en colaboración con López Rubio,
fue premiada, publicada en Nueva York y estrenada con éxito
en escenarios de Inglaterra, Portugal, Francia y España.
Fue entonces cuando se fija en su talento la MGM y se lo
lleva a Hollywood (1930). Pronto sería llamado de
nuevo a Madrid por la compañía Filmófono
(1935), en la que trabajó apenas un año,
empresa en la que recaló a petición de Buñuel,
que era uno de los fundadores de la productora.
Con el advenimiento de la II
República en 1931, y el deseo de Lorca, aceptado
por el ministro de Instrucción Pública, Fernando
de los Ríos, de crear un teatro universitario ambulante,
que vindicara y enseñara el teatro clásico
español, se volvió a reconocer su prestigio
como director de escena. Lorca no sólo le quiso
tener a su lado, sino que, como afirman todos los testimonios
más rigurosos, al que se suma ahora el de su hermana
Isabel, tuvo a Ugarte como el mejor bastión para
la construcción de aquella compañía
teatral. El sentido crítico de Ugarte, su formación
en la construcción de diálogos y adaptaciones,
su visión teatral y su rigor a la hora de los montajes,
combinaban y complementaban el genio y duende de la personalidad
de Federico, que siempre requirió el criterio de
Ugarte para todo en La Barraca. El propio Lorca insistió en
varias ocasiones sobre el sentido y formación del
guionista vasco.
Comprendía
a Lorca
«Tengo que decir -escribe
Isabel Lorca- que no me gustó nunca del todo el
grupo que la formaba. No sé por qué, pero
se creían superiores a los demás y daban
a lo que hacían un todo desagradable. Para empezar,
se creían que La Barraca eran ellos, y La Barraca
fueron dos: Federico y Ugarte, que fue el único
de aquel numeroso grupo que supo entender y calibrar de
verdad todo lo que había de capacidad creadora en
Federico. Los demás, salvo Arturo y Luis Sainz de
la Calzada, no llegaron a entenderlo del todo».
El testimonio de la hermana del
poeta granadino va más allá. «Federico
y Ugarte se compenetraron completamente. En los ensayos
y en los montajes, Federico lo llamaba constantemente:
'¡Ugarte!'; y él respondía: '¿Qué?'.
Tanto se repetía esto que empezaron a llamarle Ugartequé.
Para todo lo que pensaba y realizaba Federico requería
la opinión de Ugarte, que era sumamente crítico
y exigente. Estoy segura de que ninguno de los dos estuvo
nunca totalmente satisfecho de las representaciones. Bien
es verdad que no se podía conseguir más.
Salió bien. Fue una sorpresa para todos ver una
manera totalmente nueva de representar. Algunos montajes
resultaron realmente buenos, y el éxito que tuvieron
con los Entremeses de Cervantes en el teatro Español
fue apoteósico».
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